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"Mientras
se abría paso hacía la tribuna, Johnson comprendió
por qué los Protegidos habían sido amontonados de esa manera
en un espacio tan innecesariamente pequeño. Un móvil de
televisión se había instalado en una calle, dos niveles
más arriba, a unos diez metros del nivel cero, conectada al Ministerio
por medía de una rampa. Filmarían la ceremonia de dedicación
por encima de las cabezas de la gente ubicada en el parque sobre el nivel
cero, para dar así la ilusión de que un público enorme
rodeaba el edificio. [
] Johnson tuvo que hacer un gran esfuerzo
para no estallar en una carcajada. Cada molécula de aire dentro
de la bóveda era producida de manera artificial y puesta escrupulosamente
en circulación por el sistema de control ambiental. Por lo tanto
no había brisas en Marte para hacer flamear una bandera. Por lo
visto, habían instalado un ventilador oculto detrás de la
bandera para proporcionar la brisa necesaria. Spinrad, Norman. Agentes del caos. Este texto parece adelantarse a nuestro tiempo en lo que se refiere a la seguridad en las ciudades del futuro. La arquitectura global suele estar asociada a edificios destinados al consumo y al espectáculo y a los grandes terminales de comunicación. Una de las consecuencias de la globalización es el terrorismo internacional, hasta el punto de que algunos autores desde hace unos dos años vienen hablando de la globalización del terror. Creo que este fenómeno es inevitable. Tras la estela de películas como Blade Runner, Katsuhiro Otomo dibujó la reconstruida y ultramoderna ciudad de Neo-Tokio, el escenario de Akira. Construida sobre las ruinas del antiguo Tokio, arrasado en la tercera guerra mundial, Neo-Tokio ha crecido descontroladamente. Abarrotada, opresiva, demasiado grande para ser controlada, es un mundo aparte en el que hay cabida para gente de todas condiciones: bandas de motoristas, políticos desaprensivos y ambiciosos, revolucionarios terroristas, militares y un proyecto cuyo secreto se va arrastrando desde el desastre de la guerra. Una arquitectura global debe ser segura. Para ello deberá incorporar la tecnología a favor de la seguridad. Esta obsesión por la seguridad afecta de lleno a la concepción del edificio. El acceso no sería libre. Algunos autores hablan de la utilización en un futuro no muy lejano del iris como procedimiento de identificación del habitante. Por tanto,
nos encontramos con una arquitectura blindada, hacia el interior, algo
que es incompatible con la relación con el lugar. Una vez más,
los pilares de la arquitectura que conocemos se tambalean.
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