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La nueva embajada de Holanda en Berlin, proyectada por Rem Koolhaas, no
convence. En 1992 este artista abandonó desairado y rodeado del
fragor de los medios de comunicación el jurado para el Sony-Center
de Berlin por discrepar con las directrices generales ("Masacre de
ideas"). El suceso volvió a ser actualidad, pues en el terreno
periodístico es habitual sacar partido a una disputa entre alguien
tan carismático com Koolhaas. Pero hace tiempo que la relacion
entre Stimman y Koolhaas es cordial y al holandés le parece que
no esta nada mal el Sony-Centre de Helmut Jahn.
Su embajada holandesa no hace honor a las pretensiones. Una caja de aluminio
y vidrio similar a tantas otras se alza a orillas del Spree. Digno de
mención es como mucho el esbelto volumen con que el edificio se
distancia del entorno y que alberga las escaleras de incendios, instalaciones
tecnicas y algunos apartamentos. En un nivel ligeramente por debajo del
de la calle se encuentran las dependencias del consulado. Quienes trabajan
en este oscuro entresuelo no son dignos de envidia y aquellos que solicitan
un visado no se ven precisamente cortejados por la arquitectura (la sala
de ventanillas es comparada con la de la embajada china situada en la
orilla opuesta del Spree). Entre el volumen principal y el de remate el
nivel de la calle se eleva una planta. Calificar este desfiladero de alumnio
de hermosa plaza urbana, ,como ha hecho la prensa nacional (alemana),
requiere grandes dosis de, llamémoslo, simpatía.
Famoso es sobre todo el interior, cuya contemplación puede efectuarse
en el marco de visitas guiadas. Un pasillo serpentea el edifio de forma
ascendente. A veces como rampa, otras como escalera, unas veces estrecho,
otras veces ancho, rebasa la fachada y transcurre a lo largo de esta (permitiendo
la contemplacion de la calle a traves del inquietante suelo verdoso cristal),
se introduce nuevamente en el edificio y concluye bajo el tejado sobre
la cafetería en la terraza del cielo sobre Berlín. Este
corredor conecta todos los espacios, excepto el sótano y el consulado,
y posibilita la vivencia de multiples experiencias espaciales. Fantástica
es la sala abierta al río, lúgubre la de las reuniones,
angosta y alta, (que con su caracter de acuario contribuirá a la
brevedad de los encuentros), agobiantes algunos despachos por sus bajos
techos de hormigón, sorprendente el salón de actos con su
vuelo sobre el patio, amplia pero anodina la cafetería del atico.
Los colores interiores estan determinados por la luz natural, plantas,
obras de arte y algunas ventanas con vidrios coloreados que de noche vierten
al exterior hemosas luces. Tan solo el verde fuerte del suelo del gimnasio
constituye una excepción. Aunque algunas paredes esten revestidas
de madera de zebrano y copaiva y tambien haya suelos de marmol travertino,
el material dominante en paramentos verticales y horizontales, puertas
y ventanas es el aluminio. A juzgar por las rozaduras y la suciedad que
muestran las escaleras y los pasillos, el material es poco apto para pavimentos.
Pero genialidad e idoneidad conviven raramente y la calidad de detalle
es una cualidad dificil de obtener de Koolhaas. Uno se puede imaginar
el grito agudo de las sierras de aluminio que durante semanas llenaron
la obra. Al prescindir de una reticula constructiva -sin por ello sacar
gran provecho de la libertad formal- el ajuste de los elementos ha presentado
dificultades considerables .
Para Koolhas la ecología no reviste mayor importancia, la iluminación
o la protección solar y térmica no son relevantes, tampoco
lo son las quejas de los usuarios por el mal comportamiento acústico
del edificio. Quizas lo cierto sea que las personas no le interesan. Pronto
el alminio habrá perdido su brillo y esta "máquina
urbana" difundirá tan solo reflejos mates.
La gran arquitectura va de la mano de grandes deficiencias pero estas
se toleran con mas facilidad cuando la arquitectura realmente convence.

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