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En 1961, se formó, tras una serie de reuniones previas, el grupo
Archigram. Con su aceptación de una sociedad de consumidores por
lo tanto, encajaría en la anterior línea económica,
y de una tecnología sofisticada, este grupo produjo una serie de
imágenes que nada tenía que ver con los materiales tradicionales.
Nada de adobe, bambú, cañas y esteras; ni siquiera piedra
o madera. Todo eran plásticos, módulos enchufables, estructuras
neumáticas o colgadas. Con la ayuda de la imaginería que
soporta la alta tecnología dieron rienda suelta a un catálogo
de formas nuevas. Los edificios pensados por Archigram tenían más
que ver con el mundo del diseño industrial que con la historia
de la arquitectura. Peter Cook escribía en 1969, en una analogía
que no era nueva, que el futuro de los edificios y el de los automóviles
iba a ser convergente en cuanto a sistemas de producción. Se preguntaba
si unos y otros iban a ser prefabricados y móviles. Basaba el futuro
de la arquitectura en la construcción sistematizada, que según
él, abarcaba un margen más amplio que la construcción
industrializada del siglo pasado. Warren Chalk, otro de los miembros fundadores
de Archigram, reconoce, no obstante, que no intentaron hacer casas como
coches, ni ciudades como refinerías de petróleo, sino que
querían utilizar un nuevo lenguaje que se adecuara a la nueva situación
creada. Archigram aceptaba la alta tecnología, la moda y la sociedad
de consumo, hasta el punto de que sus arquitecturas dibujadas se relacionan
habitualmente con el pop y el cómic. Rechazaban la continuidad
histórica, pero no pueden negar el precedente de los constructivistas
rusos y de la vanguardia futurista.

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